La República mexicana importa de Estados Unidos casi el 100% de la carne que consumen sus habitantes. El 80% del pollo le llega de la Industria Avícola asentada en los estados del Sur del mismo país. Y la procedencia del 85% del arroz es también del país de las barras y las estrellas. En conclusión, la población mexicana come lo que Estados Unidos produce. Y no hablemos de los combustibles.

Ante esta dependencia, que ahora los mexicanos saben que tienen de su vecino del Norte, resulta incomprensible las preguntas que algunos periodistas le hacen con frecuencia al Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador en las que buscan que éste se enfrente a su homólogo del Norte; ¨¿Va a mandar una denuncia por las redadas del Domingo?¨ ¨¿Qué espera para reclamar el atraso en el cruce de camiones?¨ ¨¿Por qué no responde México a los continuos insultos del Presidente de Estados Unidos?¨ ¨¿Qué va a ser si EU viola el acuerdo?¨

El silencio ha sido la respuesta de López Obrador a Estados Unidos y así seguirá respondiendo porque no tiene otra opción, enfrentarse al agresor, significa poner en riesgo el endeble bienestar de los casi 130 millones de habitantes de su país.

La dependencia que tiene México de Estados Unidos es grotesca. La autosuficiencia alimentaria no fue prioridad de los últimos seis Presidentes que optaron por una economía entreguista y dependiente. No se diga los que les antecedieron, con excepción de uno, gobernaron con violencia.

Es hasta ahora, que llegó al poder un hombre que hace de la honestidad su doctrina y de la corrupción el enemigo a vencer. Los mexicanos se despiertan a diario con denuncias de actos delictivos de ex funcionarios y de montos millonarios en dólares recuperados o congelados. Es hasta ahora que robar la hacienda pública se convierte en delito grave.

 

Con estas acciones de López Obrador, México tiene el potencial de pasar de uno de los países más corruptos en el mundo a un ejemplo de conversión a la honradez y la claridad en la rendición de cuentas públicas. Para eso, es imprescindible la toma de conciencia de todos sus habitantes. Necesaria es una campaña en la que los términos: ¨Uca Uca el que se lo halle se lo emboruca.¨ ¨Chin Chin el que deje algo.¨ o el socorrido ¨A mi nomás ponme donde haya.¨ Se conviertan en conceptos vergonzosos irrepetibles. Ajenos a la vida diaria de los mexicanos.

La situación de México de sujeción a su vecino del Norte continuara en la medida que siga dependiendo de él para lo más indispensable. La solución está en la autosuficiencia y ese es el camino que López Obrador ha elegido, el primer paso ya lo dio con muchos recortes a privilegios de pocos, pero el más importante es su determinación de rescatar a través de inyecciones de capital público y privado a Petróleos Mexicanos. Empresa que considera principal motor de la economía de su país. Asimismo, ha puesto en marcha un plan de desarrollo que incluye la construcción de nuevas refinerías y la reactivación del campo.

El problema que enfrenta el Presidente de México para realizar estos planes no sólo consiste en capotear las tormentas producidas por su homólogo del Norte, sino el de acabar de una vez y para siempre con la corrupción de jueces, ministros, diputados, senadores y empresarios que se aferran a sus privilegios y luchan por detener el cambio.

Otro problema tenaz que enfrenta a diario, es el de los medios de comunicación que envían a sus soldados a las Mañaneras (Así le llaman a la conferencia de Prensa que da el Presidente Mexicano todos los días en Palacio Nacional) no con preguntas sino con críticas tendenciosas, con propuestas. Algunos ya no preguntan sino que llegan con pliegos petitorios, otros más ventilan problemas personales y no falta quien llegue con propuestas concretas para gobernar México. Como si su función de repente fuera de asesores, analistas, críticos y no de reporteros y reporteras.

Urge por el bien de México, que estos periodistas, privilegiados por el acceso directo al Presidente mexicano, retomen el oficio más hermoso del mundo, según García Márquez y se enfoquen en la búsqueda de la verdad y la difundan sin censura y sobre todo que abandonen esa tendencia protagónica que algunos ha tomado muy en serio y la practican seguido, con la que ponen en riesgo lo más importante que poseen: su credibilidad.